
En el capítulo de hoy nos centraremos en la figura de Jay Simpson, una de las recientes adquisiciones de Istanbul Brucers y, por que no decirlo, uno de los fichajes que mayor decepción ha provocado en la parroquia Brucer.
Nacido en la bella Sprinfield, USA, Jay Simpson se adentró en el baloncesto profesional allá por 1979. Elegido en la séptima ronda del draft por Philadelphia 76ers, tuvo una próspera carrera en la NBA a lo largo de 12 temporadas, en las que alcanzo la cifra de 7 partidos jugados con promedios de 0,4 ppp y 0,9 rpp. Aunque a primera vista su paso por la liga estadounidense pueda parecer intrascendente, Jay aprovechó sus años como síxer para adquirir grandes conocimientos como cheerleeder o perfeccionar su tarea como aguador, llevándola a unos límites de profesionalismo insospechado. En 1993, cuando su carrera en la NBA tocaba a su fin, Simpson publicó sus memorias bajo el título “Agitar la toalla: causas y consecuencias” que fue aclamado por la crítica como uno de los libros más influyentes del siglo XX.

Los últimos años del milenio sumieron a Simpson en una profunda depresión. Convencido como estaba de que el “efecto 2000″ provocaría el fin del mundo, “Big” Jay, como se le conocía por su exceso de tonelaje, se integró en la secta “Sendero Caminoso”, que anunciaba la llegada de un Mesías que liberaría al mundo del caos que se avecinaba. Allí conoció a un personaje que se convertiría en la clave del resurgir de Jay Simpson, Talad Johnson, un joven de Wichita, Kansas, que en años posteriores le animaría a retomar su actividad en el ámbito baloncestístico. En el año 2001, viéndose despojado de todos los bienes materiales que había donado a “Sendero Caminoso”, Simpson se vio obligado a adentrarse en el mundo laboral trabajando de repartidor de pizzas, repartidor de comida mexicana y finalmente, como repartidor free lance.
En 2006, Jay Simpson sintió que ya había aportado al mundo del reparto todo lo que podía dar y recordó a aquel joven que tanto le había impresionado años atrás. Aquel joven de Wichita se había convertido en un próspero empresario del sector inmobiliario y le ofreció a Simpson la posibilidad de trabajar para él como agente comercial. Jay había recuperado la ilusión y se volvió a sentir útil para la sociedad. Un año más tarde, Talad, que había amasado una fortuna incalculable, decidió invertir parte de su dinero en la adquisición de un equipo profesional de baloncesto, pero David Stern vetó su entrada en la liga al considerar que con Mark Cuban ya tenían suficiente. Humillado por Stern, Talad decidió crear su propia liga, a la que llamó CDP Basketball League, y que nacía para hacer la competencia a la otrora prestigiosa NBA.
Fue entonces cuando le ofreció a Simpson, que había destacado sobremanera como agente comercial, participar en la recién creada competición como agente de jugadores. Simpson utilizó sus influencias como ex-jugador profesional para reclutar para su cuadra a 2 prometedores valores: Javier Pascual y Marc Fesol. Durante tres temporadas guió los pasos de sus jóvenes cachorros haciendo de ellos respetados jugadores de élite.
Pero con la llegada de 2008 la vida de Jay Simpson dio un nuevo vuelco. Deslumbrado de nuevo por los focos del éxito y la fama, Simpson había malgastado todos los beneficios obtenidos en casinos y reuniones del tupper. Acuciado por las deudas, a Simpson no le quedó otro remedio que volver a las canchas para hacer lo único que sabía: agitar la toalla. Tras una breve estancia en Alabama Rednecks, un joven equipo que necesitaba un personaje popular para aumentar la afluencia a su pabellón, a Jay Simpson la vida le dio una última oportunidad. Istanbul Brucers, campeón de Liga y Copa, le ofreció la posibilidad de incorporarse a su plantilla a cambio de saldar la deuda que Simpson mantenía con la entidad turca por los traspasos de sus ex-representados Pascual y Fesol.
Ahora, con 46 años y 163 kilos a cuestas, Jay Simpson intenta reverdecer viejos laureles en los Brucers y volver a ser el agitador que un día fue. Los aficionados turcos no confían mucho en que sus prestaciones en la cancha sean decisivas a lo largo de la temporada pero esperan que con Jay, el espectáculo en el banquillo vuelva al Bowen Memorial.



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